En el país vecino a Valenciastán se ha criticado duramente que la militancia de Mestalla, siempre tan extremista y poco racional, haya despedido a su equipo con una pitada. ¿Qué les pasa a los aborígenes valencianís? ¡Son terceros y pitan a su equipo! Los españoles tienen toda la razón. Mestalla, al finalizar el partido, debería haber aplaudido a rabiar el espectáculo ofrecido por un equipo cuyo sistema cerebral estaba al mando de Parejo y de Banega (pero no del Banega bueno, sino del Banega que desconecta la webcam). Las consecuencias han sido las mismas que ir a una guerra utilizando como arma algodones de azúcar.
En el país vecino a Valenciastán, y no nos referimos a Murcia sino a España, se ha criticado duramente que la militancia de Mestalla, siempre tan extremista y poco racional, haya despedido a su equipo con una pitada. ¿Qué les pasa a los aborígenes valencianís? ¡Son terceros y pitan a su equipo! Los españoles tienen toda la razón. Mestalla, al finalizar el partido, debería haber aplaudido a rabiar el espectáculo ofrecido por un equipo cuyo sistema cerebral estaba al mando de Parejo y de Banega (pero no del Banega bueno, sino del Banega que desconecta la webcam). Las consecuencias han sido las mismas que ir a una guerra utilizando como arma algodones de azúcar.
Parejo transmite - Se podrá criticar muchísimo a Dani Parejo (el cual cada día nos cae mejor, por cierto). Pero es innegable que el jugador favorito de Alfredo Di Stéfano confiere un sello propio al equipo. Parejo sabe transmitir su personalidad al resto de sus compañeros. Ternura, cariño por los adversarios, tibieza, fraternidad colectiva… Todas estas virtudes de Parejo las acaban adquiriendo sus compañeros cuando juegan junto a él.
El colchón - El València sigue cumpliendo punto por punto el mismo guión que en las últimas temporadas. Cuando adquiere un colchón sobre sus rivales, en lugar de buscar otro más grande, se echa a dormir hasta que el ruido del entorno lo vuelve a despertar. Zzzz.