Noche de satisfacción en el estadio en cuyos alrededores hay personas que cobran por hacer no se qué con un francés. Miguel Brito, que durante todo el partido ha estado llegando a las carreras a la misma hora que llega a los entrenamientos, ha tomado de nuevo los mandos del equipo, portando el brazalete de capitán con gran orgullo. Eso lo resume un poco todo. El equipo que jugaba con tres franceses (es que así no se puede…) ha tenido ramalazos de meterse en la eliminatoria, pero ha acabado diluyéndose entre el rival, el momento y no se sabe muy bien qué. Mal empezó el partido cuando ya en el primer minuto el València se puso 0-0, un marcador que, como así fue, lo eliminaba de Copa, una competición devaluada. La eliminación no nos deja decepcionados. Al menos, por diferencia de goles, somos campeones de la Otra Copa.
Noche de satisfacción en el estadio en cuyos alrededores hay personas que cobran por hacer no se qué con un francés. Miguel Brito, que durante todo el partido ha estado llegando a las carreras a la misma hora que llega a los entrenamientos, ha tomado de nuevo los mandos del equipo, portando el brazalete de capitán con gran orgullo. Eso lo resume un poco todo. El equipo que jugaba con tres franceses (es que así no se puede…) ha tenido ramalazos de meterse en la eliminatoria, pero ha acabado diluyéndose entre el rival, el momento y no se sabe muy bien qué. Mal empezó el partido cuando ya en el primer minuto el València se puso 0-0, un marcador que, como así fue, lo eliminaba de Copa. La eliminación, desde luego, no nos deja decepcionados. La Copa es una competición completamente devaluada. Al menos, por diferencia de goles, somos campeones de la Otra Copa.
Soso no hubiera estado en la final - Seguro que el Rey (que ya apoyó al Getafe en la final de 2008) hubiera ido esta vez con el Athletic… Y por si fuera poco, Feghouli no la habría podido jugar. En la recta final del partido lo expulsaron por darle un pequeño golpe a un adversario con la mano en lugar de con el sobaco.
Sale Parejo - A los cinco minutos de terminar todo, salió Dani Parejo al campo. Miró arriba, miró abajo, miró a sus compañeros y pensó: “¡vaya fiesta!”. Y luego se apagaron las luces y ni el Barça enchufó los aspersores para mojarnos ni nada. Adiós.