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X Aniversario Taula Esportiva
En primera fila

X Aniversario Taula Esportiva

15.diciembre.2008

Crónica social del X aniversario de la Taula Esportiva. Entré por la misma puerta que Paco Nadal, David Albelda o Vicente Soriano (quien con sus idas y venidas me hizo temer que hubiera dimitido como invitado nada más llegar, pero simplemente es que iba a la zona VIP con barra libre a la que se accedía por otra parte). Pero yo, como debí sospechar, no estaba en la zona VIP.

(Texto de Isaac Hernández, experto de CheCheChe en contenidos X)

Querido Diario: La oportunidad que tanto esperaba por fin ha llegado. El pasado lunes (o sea, hace 15 días) los chicos de CheCheChe me enviaron a mí, y sólo a mí, a cubrir el X Aniversario de La Taula Esportiva. Al principio me extrañó que nadie quisiera ir a un evento tan notable como éste, y que optaran por enviar al nuevo, al que no conocen ni en persona. Pero después me di cuenta de que la única explicación posible es que la Corporación confía plenamente en mí como hombre de criterio.

Ser un hombre de criterio no es un privilegio, es una responsabilidad, y así se lo hice saber a la azafata que me atendió nada más llegar al lugar del evento. Le dije muy claramente que el Spider-man que colgaba del techo del Museo de las Ciencias de la CAC donde se celebraba el programa, tenía equivocado su rojo, era un pantone horrible que sólo se usó en unos números dibujados por John Romita y que fue desdeñado rápidamente en pro de colores más vivos. Y el animatronic calvo con traje de Lex Luthor, por muy logrado que estuviera, era claramente un error, pues Luthor es un personaje de la editorial DC y no de Marvel. La señorita, muy amable, me indicó que el muñeco de Lex Luthor era en realidad Manolo Montalt, que estaba animando las horas previas al evento, lo cual creo que restó contundencia a mi argumento sobre el color del Spider-man, porque en vez de llamar a los operarios del museo para que lo cambiaran por otro más representativo del personaje, me urgió a que me sentara donde pudiera.

Y allí llegó el horror, querido diario. Entré por la misma puerta que Paco Nadal, David Albelda o Vicente Soriano (quien con sus idas y venidas me hizo temer que hubiera dimitido como invitado nada más llegar, pero simplemente es que iba a la zona VIP con barra libre a la que se accedía por otra parte). Pero yo, como debí sospechar, no estaba en la zona VIP.

A los chicos de la corporación les he dicho que he entregado la crónica tarde porque el salmón de los canapés no era noruego, sino escocés (que ya sabes que a mí me sienta muy mal), pero lo cierto es que de canapés nada de nada. Me sentaron con el vulgo en unas sillas con calefacción ecológica, de esas en las que te calientas porque estás pegado al de al lado. Estaba tan y tan lejos, que el programa se veía mejor por unas teles que había en los laterales (y que crearon alguna que otra tortícolis entre la militancia).

El programa estuvo muy bien, los invitados dieron la talla y hasta Fernando Roig se animó y vino disfrazado de Tony Soprano. Pero no me enteré de mucho, porque tenía a mis espaldas unas voces molestas que hablaban sobre ellos. Yo al principio creía que era el audiocomentario del evento, que el técnico se lo había dejado encendido. Pero resultaron ser los chicos de detrás que no paraban de hablar de cosas inconexas, tan pronto querían pegarle a Albelda, como comerle el muaki. No paraban de verbalizar cualquier cosa que les pasara por la cabeza. Por su culpa no me enteré de qué había hecho el muchacho al que castigaban obligándole a salir a recitar de carrerilla todos los patrocinadores del evento. Ahora, que los chicos de detrás no se fueron sin castigo, y Dios les dejó sin escuchar la cuña de Colonial Decor. Al salir, fui a buscar el coche a la parte de atrás del edificio y, entonces, los aspersores del jardín de la CAC me dieron la despedida chopándome de arriba abajo. Cuando los chicos me dijeron que cómo llegaba así, les conté que Susana Remohí se había puesto cariñosa en la fiesta posterior, y me había lanzado con ella a la piscina del Oceanogràfic. Intuyo que coló porque nadie dijo nada, pero no estoy muy seguro.

Finalmente no todo fue malo. Yo gané una entrada para un partido de esos benéficos. No me enteré bien pero vi que jugaban ex-jugadores como Helguera o el alemán Curro Torres. E incluso me dieron uno de los mejores asientos del campo: sector cubierto y justo delante del banderín del corner, lo que daba al partido un cierto aire retro como, si estuvieras viendo una partida al FIFA International Soccer de 1994. Y encima me dieron rosquilletas, ¿qué más se puede pedir, oye?

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