Unai se despide (capítulo XXVI)
Angulo y Silla necesitan un buen…

Angulo y Silla necesitan un buen…

27.agosto.2009

Después de pasarnos la semana escuchando lloriquear a Angulo y a Vicente Silla hemos llegado a la conclusión de que a éstos, lo que les hace falta, es un buen... monumento. En el Nuevo Mestalla, que no sabemos qué manía hay en querer acabarlo, estos merecen que todas las posiciones del campo desemboquen a una pequeña sala acristalada con las efigies, en mármol o en cera, a convenir, de Angulo (puñal incorporado a la altura del corazón) y de Vicente Silla (caja de Tranquimazín en el bolsillo derecho del pantalón). La gente les pondría velas, flores, estampas, muletas para que sus seres queridos vuelvan a andar… No te jode. ¿Pero qué queréis? Silla no quiere que lo critiquen porque ha dado mucho por el valencianismo, se paga todos sus pases (wow) y no se ha perdido ni un sepelio (ten en cuenta que Johnny Katanas se los perdía todos). Pues vale, pero... ¿es que es otro el que ha estado todo el año confabulando y equivocándose, es que no era Silla? Después del salto también contamos el papel decisivo que ha tenido este hombre habitualmente  venerable en el divorcio de Adriana Abascal y Juan Villalonga, que esa es otra. También tenemos mucho que decir de Angulo, el del man-clavao-un-puñal-muy-hondo y el del “sí claro, antes del partido hemos pactado el 0-0 con el Manchester”. Qué cabezas, joder.

Angulo y Silla no paran de llorar. Están siendo los tíos coñazos de este último tramo del verano. Cuánto daño. Con Angulo todavía nos solidarizamos un poco, porque quieras o no da lástima que un tío con tanto recorrido y que no se mete en líos acabe siempre apalizado. Además, no queda nada bien que se le haga entrenar al margen. Es una actitud tan poco democrática y racional como el fundacionalismo de la segunda fase de la Ampliación de Capital o como su comportamiento en el frustrado traspaso al Arsenal. Merece un trato mejor, merece un buen reconocimiento por sus años de trabajo. Pero cuidado, tampoco pretendas, Angulo, vivir del cuento otra temporada más. Y entre nosotros, todo esto te pasa por esa delirante entrevista de hace unos años en la que reconociste públicamente, con suma inteligencia, que el València y el Manchester habían pactado un partido de Champions.

Silla detrás del divorcio de Abascal y Villalonga

Y volvemos con Silla. El de los entierros. El que de una brazada tiró al suelo un cuadro en la recepción de un hotel. Se queja de que lo critiquen. Pero qué quieres. ¿Nos hemos quejado nosotros de que tú te cargaras el desembarco de Adriana Abascal en Valenciastán? Pues nunca lo habíamos hecho, pero lo vamos a hacer ahora. Silla, con su apoyo a Johnny Ka y al Tigre de Puçolmabad y su capacidad de enredo, provocó que Adriana Abascal y su esposo Juan Villalonga tuvieran que irse de nuestro país (de la marcha de Villalonga nos alegramos, pero de la de Adriana Abascal no). Indirectamente también ha provocado el reciente divorcio entre ambos. En Valenciastán la pareja hubiera sido feliz, con portadas exclusivas en Hola y Superdeporte, con los niños, con el paripé, con los planes de expansión, con la medicina para el enfermo. Pero Silla la lió.

De verdad, tíos, dejad de darnos el coñazo y de lloriquear. Buscaros faena, jugad con los nietos.

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