Prometía la Junta Extraordinaria,
inmersa en atmósfera atrabiliaria,
entró a escena Dalport Inversiones,
asegurando saturarnos de millones.
El portavoz Víctor Vicente Bravo,
con cara de urgente viaje al lavabo,
se quejó de impedirles gobernar,
aún ofreciendo pasta acoquinar.
Dalport promete poner en la mesa,
más que en la cama una tigresa,
con antecendentes poco creíbles,
y cuentas financieras discutibles.
Pasó de apartar manzanas podridas,
al AVE y al país de las maravillas,
rehusó ir a la ampliación de capital,
aún preparando una inversión bestial.
Las réplicas fueron desde el Coyote,
Chaos, hotel Wollstein y el Quijote,
la travesía de Dante por el infierno,
y un collons com melons posmoderno.
Lo mejor, la azafata situada tras el atril,
asustada por tanto pesado y zascandil,
con toda una batería de muecas y gestos,
mascullando "a ver cuándo se van estos".